jueves, 29 de septiembre de 2011

El niño y su guitarra

Oscuro, su cuarto siempre es oscuro, más ahora que no hay luz, hay silencio en todos lados. Los niños no corren afuera, los televisores no alumbran las salas, la música no sale como orquesta desafinada por todas las ventanas.

El niño toca su guitarra, su dulce melodía llena de paz aun la más serena de las noches. Un insecto mueve sus antenas afuera de su ventana y se aleja saltando. La luna ilumina levemente su habitación, pero sus ojos están cerrados, el solo percibe su arte, percibe armonía y tranquilidad inmensa.

Pasan varias horas y el niño deja de tocar su guitarra, con el amor que una madre le tiene a un recién nacido, el niño deja su guitarra sobre su cama honrando aquellas notas que le fue tan amable de dejarle tocar. Se talla los ojos y lentamente se levanta de su cama, no hay luz afuera, solo aquel reflejo azul que la luna, tan hermosa en lo alto, es tan amable de darle aquella noche. El niño sonríe, sabe que aun hay esperanza.

Se pone sus zapatos de correr y sale de su casa sin molestarse en cerrar la puerta, camina varios minutos hasta que se da cuenta que no sabe en donde esta. La luna aun lo alumbra, pero sus ojos no ven más allá de su nariz.

Decide descansar un momento y se sienta a contemplar las estrellas, el cielo limpio en lo alto y se da cuenta que él es parte de aquel cielo, el cielo llena todo, él ha llegado al cielo.

Una nube negra se asoma de entre todas aquellas estrellas y el niño sabe bien que si no regresa a casa en ese mismo instante, es probable que tenga que pasar la noche fuera, en otra casa, lejos de su guitarra.

Se levante y se limpia el pantalón, nota que sus manos ya no son tan pequeñas como hace diez años y sonríe ante aquel hecho tan simpático, aun es un niño, pero su cuerpo se rehúsa a creerlo. Parte hacia su hogar y su guitarra lo espera con preocupación, la toma de nuevo entre sus manos y acompañado a la lluvia en su afinado y armonioso canto, toca una melodía.

El sol le acaricia el rostro con bondad y le avisa que un nuevo día ha empezado. El niño sonríe y agradece al sol por despertarlo tan sutilmente. El niño guarda su guitarra en su estuche y emprende la marcha. Llega a una plaza comercial donde las personas solían convivir y comprar, pero el niño solo tiene vagos recuerdos de eso, saca su guitarra del estuche y la acaricia antes de colgársela. Empieza su concierto a la naturaleza con una pieza tranquila, donde intenta hacer que la tierra entre en armonía con todas las demás melodías, sus dedos caminan errantes por las cuerdas, su vista se mantiene dentro de su mismo ser y a la pieza tranquila la secunda una pieza triste. Donde intenta que la tierra entienda su sentir, sus dedos tiemblan al ritmo de sus latidos y terminada la pieza, se detiene... deja caer su guitarra al suelo y sus ojos se vuelven dos nubes negras listas para dejar caer un aguacero sin precedentes.

-...los extraño...

El niño rompe a llorar, su guitarra lo ve con tristeza y se lamenta de no poder hacer nada para animarlo. La tierra siente sus lagrimas y se siente vacía, se da cuenta de lo que ha hecho y se arrepiente de ello. Dejo a un niño huérfano y sin nadie a quien acudir. La tierra llora y se da cuenta de que no todo lo que ha hecho ha sido de total provecho, el único amigo que tiene esta triste y no puede hacer nada para evitarlo.

Esa noche el niño regresa a su hogar con su guitarra dentro de su estuche y entra a la habitación de sus padres, donde solo queda su esencia y su recuerdo, toma una de sus almohadas y la abraza con fuerza hasta quedarse dormido y sueña que despierta en la vida de antes. Cuando todo estaba plagado de personas, cuando su mamá lo abrazaba, cuando él era joven e iba a la escuela, y después... despierta.