Busco de entre la gente sin querer encontrar nada y camino viendo al suelo el mayor tiempo que puedo.
Llego a un café en una esquina, prendo un cigarro y dejo que su humo me consuma poco a poco, cierro los ojos y pretendo que no tengo miedo. Pido un americano y me lo tomo rápido, siempre viviendo de prisa, tratando de no quedarme solo en un lugar por mucho, pero lo olvido, siempre tengo compañía, pero nunca les presto atención, tengo muchas cosas en que pensar.
-¿Estas bien?- me pregunta mi bella acompañante con mirada temerosa y sinceramente preocupada. La veo a los ojos casi sin querer hacerlo y volteo mi mirada.
-Si, tranquila, no lo tomes a mal, pero me quiero ir de aquí rápido - apago mi cigarro y exhalo lo ultimo que hay de humo en mi. Ella, me ve raro, y se termina su café para irnos de ahí.
De camino al hotel no habló mucho, trato de no pensar de más, todo debe de ser frío, rápido, sin duda. Llegamos y doy un nombre falso en recepción, ella no lo toma a mal, siempre ha sido así desde que nos conocemos y lo mejor es que no se ponga nerviosa. Entramos a la habitación y empieza la rutina, los besos, las caricias, las ropas que caen y la piel sudorosa, no dejo de ver su cuerpo y desearía no estar en ese momento con ella.
No quiero que sufra, pero no hay alternativa, esto debe terminar hoy mismo, no tengo otra opción. Lentamente se desliza sobre su perfecto abdomen mi navaja de bolsillo, al principio es difícil sostenerla, pero mantengo mi mano firme y la abrazo con fuerza mientras siento como su sangre resbala sobre mi mano fría y temblorosa. Ella trata de decir algo, pero cayo su boca con un beso culpable y nuestras lagrimas se juntan en la comisura de nuestras bocas. Veo el dolor en sus ojos y su piel pierde color poco a poco, la cama esta totalmente roja y sus ojos... sus ojos se tornan blancos. Sus labios se despegan involuntariamente de los míos y su cabeza se inclina hacia atrás mientras sostengo su cuerpo desnudo sobre el mio.
Escucho aplausos detrás mio y prefiero no voltear, las lagrimas siguen escurriendo sobre mis mejillas y mi boca aun conserva aquel sabor a nicotina y cafeína.
-Lo has hecho bien, muchos sentimientos dentro de ti para mi gusto, pero lo has hecho bien. Déjame ayudarte a limpiar el cuarto, nadie sabrá que paso aquí, solo nosotros dos. - Me dijo con su típica voz burlona, con su voz sobre humana.
No puedo articular ni una sola palabra, a pesar de ya acostumbrarme a su deformidad y sus ojos vacíos llenos de maldad, de tristeza, de odio, de dolor no puedo decir nada, mi garganta esta cerrada, mis puños temblorosos y mi mirada baja. Levanto la mirada y lo veo sonriéndome, siento un odio inmenso por él, pero más por mi.
Lentamente dejo su cuerpo blanco sobre las sabanas rojas y cierro sus ojos con mis manos ensangrentadas. Me levanto poco a poco y me dirijo al baño, no quiero ver a mi grotesco acompañante pero al abrir la puerta del baño él ya esta dentro esperándome con su sonrisa macabra y fuego saliendo de sus ojos.
-¿Qué te pasa? ¿te estas suavizando?
-No me molestes, déjame solo- Sonríe y sus negros dientes salen a la vista
-¿No crees que ya es un poco tarde para eso? no seas ridículo, vístete, tenemos que irnos. Ya todo esta solucionado.
Voltee y la habitación estaba como nueva, sin sangre, sin la ropa tirada en el suelo, ni un rastro de ella, ni su cuerpo... ni su alma.
Me puse mi vieja chaqueta de cuero negro, mis jeans azules y mis botas negras, prendí un cigarro lentamente y me quede un rato recargado en la pared. Mi bizarro acompañante no estaba ya junto a mi, pero siempre observa, siempre ve todas mis acciones. Sabe cuando y como dañarme el alma aun más. Me esta haciendo sufrir el infierno incluso antes de llegar a este.
Salgo del hotel y tiro mi colilla al suelo, veo al cielo pero me siento indigno. Regreso mi mirada al suelo, a donde pertenece. Por hoy, mi familia y amigos vuelven a estar seguros al costo de un alma menos culpable que la mía. Sé que cuando llegue mi momento sufriré como es debido, pero ellos no tienen que sufrir por mis errores.
El siguiente en la lista es un viejo amigo de años atrás. Monto mi motocicleta y siento sus ojos recorriendo mi alma, con el tiempo me he acostumbrado a esto. Son 500 Km de viaje, tendré que parar por gasolina...

