viernes, 5 de agosto de 2011

Sala de Espera

La llave entre poco a poco a la ranura y abro aquel lugar que llamo hogar, no hay mucho dentro de este como para llamarlo así, sin embargo es todo lo que tengo. Tiro mi maletín en el sillón y me meto a bañar, prendo el radio de baño y están pasando las noticias, al parecer han desaparecido varias personas por aquí, pero no quiero ponerme tenso escuchando sucesos tristes. Así que cambio la estación a algo más relajado. Mi rutina diaria sigue su curso normal. Voy por el pan pero decido comer otra cosa, así que compro jamón, queso y pan integral. Regreso a mi casa y observo un instante aquel alimento nocturno, pienso que tal vez me falto comprar más cosas, pero no me importa. Prendo la tele. No pasan nada interesante, noticias, no me interesan, caricaturas, películas. Pasan "El Conde de Montecristo" y decido dejar el canal, de todos modos me iré a dormir en un rato más.

Despierto y arreglo mis cosas, me pongo una corbata azul, no negra, y una camisa con el cuello algo amarillo, pienso en cuanto tiempo lleva así y no puedo recordarlo, desayuno un sandwicth que deje ayer en la noche, me lavo los dientes y noto bolsas bajo mis ojos, me veo más viejo que ayer. Me enjuago la boca. Me voy.

De camino al trabajo paso por una pequeña plaza en un parque publico. A mi derecha hay comercios, una cafetería  una oficina de correos, un estudio fotográfico, una sala de espera con paredes verdes y sillas blancas y una farmacia. Me detengo y veo un instante aquel local vació, la pared de fuera es blanca, no tiene anuncio de ser de un dentista o algo por estilo, dentro no hay ventanas, solo una puerta de madera y siempre que paso por aquí nunca veo a nadie. Pienso que deberían poner un letrero de lo que es el negocio y sigo mi camino. Llego a mi trabajo. Saludo a Sara en mi escritorio al lado. Me ve extraño y bajo la mirada. Prendo mi equipo de computo.

De regreso paso por la misma calle, los locales están cerrados, menos la farmacia y la cafetería. El local con paredes verdes esta cerrado también, la cortina es blanca, no muestra señales de nada. La observo un momento y decido tomar un café. Pido un espresso y al tomarlo me arrepiento, no lo termino y dejo veinte pesos de propina. Regreso a casa y la rutina se repite.

Al día siguiente es mi día de descanso.

Me levanto tarde, 11 o 12 tal vez. prendo mi computadora y pongo algo de música, Vivaldi tal vez, no, Frank Sinatra. Me tiro sobre mi sillón y me dan ganas de prender la televisión, tomo el control en mis manos y lo observo. Dejo el control de nuevo en el sillón, regreso a mi computadora. Reviso mis redes sociales, dos mensajes: Una etiqueta en una foto donde no aparezco y la otra, comentarios en la misma foto. Quito mi etiqueta y mi mano acaricia el mouse. Entro a YouTube, veo mis suscripciones y no hay nada. Recuerdo aquella sala de espera con sus paredes verdes y su puerta de madera y pierdo el sentido del tiempo. Son las dos de la tarde, debía ver a alguien en aquel café. Me pongo mi chaqueta de cuero negro y apago mi computadora. De camino al café veo a una persona corriendo en dirección opuesta a la mía. Lo veo de reojo y el me mira por igual. Sigue su camino. Yo el mio.

Pido un Americano y le pongo tres de azúcar, espero una hora antes de darme cuenta que no llegara mi cita. Pago y me retiro dejando diez pesos de propina. Me dirijo a mi casa y recuerdo aquella sala de espera verde, me quedo pensando un momento y doy media vuelta. Me quedo parado enfrente de ese lugar y dudo en entrar un momento.

Entro a la sala de espera.

No hay nadie, pero siento como si me estuvieran viendo, apenas dos pasos dentro de aquel local. Veo la puerta un momento y toco la puerta dos veces. No escucho nada dentro, vuelvo a tocar y escucho unos pasos. La manija se abre lentamente y abre una mujer de traje negro. Me sonríe. Dice que me estaban esperando y siento un escalofrió en la espalda. Me toma de la mano y me lleva dentro. La luz es roja y es un pasillo muy estrecho. Hay puertas del lado izquierdo y la paredes blancas reflejan mucho la luz cuyo origen no puedo ver. Damos vuelta a la derecha en una pared y entramos a un cuarto donde hay una cabeza de gárgola saliendo de la pared. La mujer me suelta la mano y se marcha. El cuarto sigue siendo muy estrecho, al grado de tener la cabeza de gárgola casi enfrente de mi. Escucho una voz que dice mi nombre, viene por la derecha pero no veo nada. La iluminación sigue siendo la misma, pero no hay foco. La voz dice datos sobre mi, de mi familia, mi fecha de nacimiento, mis ingresos anuales, mis relaciones amorosas y me pregunta si soy feliz. Mi boca queda seca por el nerviosismo y pienso que es una broma, trato de salir pero algo me dice que debo quedarme. Le respondo que no lo soy. La voz responde, dice que le cuente lo que siento. Me extraña y trato de ver de donde viene la voz, o la luz pero no encuentro su origen. Volteo a mi derecha y la cabeza la gárgola ahora me esta mirada directamente, su hocico de piedra parece moverse y la voz vuelve a pedirme que le cuente mi vida.

Doy media vuelta, empiezo a correr y casi caigo al suelo.

Doy vuelta a la izquierda y veo la salida. Unos niños desnudos salen de una puerta a la derecha, los veo bien, no son niños, son casi juguetes, trato de pegarles, su piel es dura. Me rodean en un instante y logro quebrarle la cabeza a uno de ellos. Llegan mas niños y de pronto todo se ve más rojo. Veo la luz roja dentro de mi cabeza y después, todo se torna negro.